cultura mexicana desde Polonia

EL VALOR DE LA INTOLERANCIA… (en las redes sociales).

A unas horas de que el mundo se inunde de flores, chocolates y regalos por la celebración del día del amor y la amistad, me vienen a la mente las palabras de un amigo en las que expresaba lo difícil que es externar las ideas personales en las redes sociales sin que las respuestas de quienes no concuerdan con éstas vengan acompañadas de insultos, palabras ofensivas y en ocasiones de amenazas, es decir, de intolerancia pura. Después de un corto silencio no me quedó más que mirarle a los ojos y admitir sus ideas totalmente. Me atreví a comentar que este es un fenómeno vigente y que va en aumento, que es doloroso, pero que también trae consigo algún beneficio.

 

Constantemente intento informarme y analizar todo lo que ocurre en el mundo y en especial en México y Europa – desde Polonia por supuesto- respecto a las tendencias de conducta individual y colectiva. Con base en esto y en mis propias experiencias le platiqué a mi amigo sobre lo que me había ocurrido apenas unas semanas antes con una publicación que hice en Facebook y Twitter.

Con firmeza expresé en estas redes sociales mi desacuerdo sobre alguna situación sociocultural y política que actualmente se extiende por el mundo de manera incontrolable y radical, lógicamente no tardaron en aparecer en mi pantalla los “likes” y corazoncitos, pero también la oposición a mi postura. Lógicamente yo esperaba reacciones inmediatas ya que es un tema que por su naturaleza genera controversia, pero de pronto comenzaron a llegar textos ofensivos, insultos, amenazas y por supuesto los bloqueos de mi nombre en las listas de quienes no opinan como yo.

Con toda honestidad, le dije, que esto me ocasionó el malestar natural que se siente ante un insulto, así como la decepción de saber que algunas personas que sólo momentos antes se decían mis compañeros y hasta amigos, cortaban de tajo relaciones, algunas de la cuales databan de algunos años.

Ante esto, hice una autoreflexión y me pregunté cómo habría actuado yo, ubicándome en la situación opuesta. Sin duda me hubiera enojado, habría expresado mi desacuerdo y de considerarlo pertinente, hubiese abierto alguna línea de debate y discusión al respecto, pero independientemente de los desenlaces, nunca hubiera insultado u ofendido a nadie. Tengo la convicción de que insultar y ofender es una clara y evidente muestra de debilidad y por supuesto de intolerancia.

Esto es una muestra mínima e incipiente de las consecuencias del no poder o querer tolerar a los demás, las cuales llegan en grado extremo a resultados fatales. Desafortunadamente el fenómeno aumenta en todo el mundo y parece que no hay freno.

Pero no todo es negativo, al final del túnel se percibe la luz. La intolerancia frontal también nos brinda claridad, paz y fortaleza interior a quienes tomamos conciencia de su prevalencia. En mi caso me ofendieron, insultaron y denostaron, pero finalmente las personas que lo hicieron ya no están presentes en mis redes y en mi vida, dejaron de ser mis “amigos” lo cual, analizándolo con frialdad es muy confortante, pero lo mejor aparece cuando te das cuenta de que del lado opuesto brillan aún más en mi vida las personas que incluso a pesar de tener ideas y convicciones opuestas, manifiestan tolerancia, respeto y en muchos casos afecto y cariño. Por todo esto, agradezco sinceramente a las redes sociales y por supuesto al creador.

Mi amigo no expresó palabra alguna, pero asintió de facto y sorbió un poco del café que ya se había enfriado… Yo hice lo mismo.

“Feliz día del amor y de la amistad y de la auténtica tolerancia”

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *